Cuando uno visita Cuenca por primera vez descubre un paisaje de gran belleza geomórfológica, un territorio de naturaleza caliza marcado por depresiones de bordes escarpados, con hoces y torcas pronunciadas. Un terreno donde el sustrato calizo condiciona la vegetación y en el que predominan las grandes extensiones de pinares, especialmente en las zonas de topografía más abrupta.
Inmerso en este paisaje, el casco urbano de Cuenca se alza sobre un roquedo, rodeado a su vez por dos grandes hoces labradas por el paso del tiempo y las aguas de los ríos. Pío Baroja la denominó “nido de águilas”, en referencia a su ubicación y es que la capital está construída sobre un punto rocoso aislado, producto de la acción continuada de los ríos Júcar y Huécar, un escaso espacio que se aprovecha hasta los términos, construyendo edificaciones en los propios bordes de la roca que desafían el vacío.
Cuenca es una de las provincias más montañosa de Castilla - La Mancha. Los diferentes grados de erosión de los estratos del roquedo hacen que la fachada del río Júcar, a su paso junto a la ciudad, presente un original graderío. Antaño, estas plataformas estaban ocupadas por viviendas pero con el paso del tiempo han quedado como zonas en resalte o miradores convertidos en zonas ajardinadas desde las cuales es posible asomarse a la hoz que forma la geografía. |